Levantarse temprano
La primera disciplina del día. Lo que decides antes de que el mundo te pida algo.
El día empieza cuando uno decide. No cuando suena la alarma por décima vez. Levantarse temprano no es virtud — es preferencia. Preferir el silencio sobre el ruido, el orden sobre la prisa.
La media hora antes de que despierten los mensajes es lo único que el día no te debe. Café caliente, ventana abierta, una idea sin interrupción. Después ya pasará lo que tenga que pasar.